— Este asunto no depende solo de mí, no tiene sentido que me busquen. El director ya tiene la palabra de los Caballero y no va a ceder —respondió Silvia con la boca llena de comida.
— Solo me preocupa...
Mientras Lucía divagaba, sonó el timbre de la puerta. Miró a Silvia confundida, notando que ella estaba igual de sorprendida.
Lucía abrió la puerta y, al ver quién era, la cerró de golpe.
Silvia seguía comiendo:
— ¿Quién es?
— ¡El cretino! —respondió Lucía con disgusto.
— ¿Qué quiere? —Silvia se