—¿En dónde diablos estabas? —vociferó David, observando a Malú, quién apenas llegaba a casa.
La mujer se sobresaltó, pegó un brinco de la impresión. Cómo si no hubiera sido suficiente todo lo que vivió junto a ese misterioso forastero, ahora para inundar más su tensión nerviosa, aparecía su esposo de improviso.
—¡David! Yo, eh… me quedé en el hospital, hubo heridos.
—¿Heridos? ¿En este pueblo? —cuestionó aproximándose más a ella.
Malú retrocedió, inhaló profundo.
—¿Por qué actúas así? —in