(Filippo Valentini)
Abro los ojos y, me siento mareado por el dolor punzante que me azota, vuelvo a cerrarlos. No sólo me duele la herida, sino también la cabeza, los huesos, las articulaciones, ¡absolutamente todo en mí! ¡Cazzo!
Me siento deshidratado y ardiendo, como si el fuego me salpicara directamente sobre la piel, me retuerzo en un vano intento de librarme de este calor infernal. ¡Mierda! ¡Me siento atrapado! Odio sentirme así, me trae recuerdos que me persiguen por la noche en forma de