(Filippo Valentini)
Arrastro una silla y me siento frente a Ruan, el camarero que atentó contra mi vida y la de Renata en la fiesta. Está colgado de tres cadenas, dos en las manos y una en el cuello. Sólo puede tocar el suelo con la punta de los pies para no morir ahorcado.
- Buenas noches, ¿está cómodo? - pregunto, observando la sangre que gotea por las aberturas de las balas que le he aceptado.
- ¡Hijo de puta! - escupe, derritiendo mis zapatos importados.
Le hago una señal con la mano y