Es personal.
Jaqueline fue a su estudio y se sentó en su escritorio, aún furiosa por el rechazo de Gerald. Marcó el número de su padre y esperó impacientemente a que contestara.
—Papá, necesito hablar contigo —dijo en cuanto escuchó la voz de Jacques al otro lado de la línea.
—¿Qué sucede, Jaqueline? —preguntó Jacques, notando la tensión en la voz de su hija.
—Gerald Garnier rechazó nuestra propuesta. No puedo creer que haya sido tan arrogante y despectivo. Pero no me voy a quedar de brazos cruzados. Le har