Esa tarde.
Había dos mujeres deambulando por la tienda de Avery.
— ¿Estás segura de que es esa tienda?— Preguntó Cecilia, asomando la cabeza desde el pilar del edificio al lado de la tienda.
Susan, que estaba detrás de ella, asintió.
—Así es. Damián también compro esa panadería.
—Vaya. Esa mujer realmente no tiene conciencia alguna. Desde la primera vez que la vi supe que era ese tipo de chica. Pude ver ese interior codicioso, arraigado en sus huesos. Cuanto más lo pienso, más molesta me sien