DAVIEN;
—No te vamos a echar, Katie —dijo la Reina después de un minuto de incómodo silencio—. Considéralo un regalo.
—¿Cómo es que la casa de la piscina es un regalo? No es nada comparado con mi habitación, mamá —replicó Katie, con una voz apenas un susurro.
Sostuve su mano debajo de la mesa, esperando comprender la situación antes de intervenir.
—Es un regalo porque te damos tu lugar y privacidad. No tenemos que escucharte a ti y a tu pareja toda la noche y tener esta extraña conversación to