Sin resignarme a aceptar tan fácilmente, insistí en tratar de persuadirlo, aunque pronto me di cuenta de que sería inútil.
—Por favor, estoy perfectamente sana. No me lleves —intenté un puchero, buscando conmoverlo.
Henrik dejó escapar una suave risa mientras me miraba con ternura.
—Eres adorable, pero no me convencerás. Es solo un examen, nada grave.
—¿Es realmente necesario? —pregunté, dejando caer los hombros en un gesto de resignación.
—Totalmente.
Suspiré, sabiendo que no