El almuerzo se desarrollaba en un ambiente incómodo. Sus comentarios me dejaron pensativa y, poco a poco, la tensión se apoderó de la mesa. Cuando levanté la vista para mirarlo, nuestros ojos se encontraron, atrapándome en el acto.
Una sonrisa egocéntrica se dibujó en su rostro mientras ladeaba la cabeza.
—Te pillé —dijo con un tono burlón.
—¿A qué te refieres? —fingí desinterés, aunque su mirada me desarmaba.
—Me estabas mirando, pequeña acosadora.
—No tengo idea de qué hablas —respondí, d