Analu
Salimos de la cama y entramos en una enorme y ostentosa bañera. Pero antes de eso, él llenó dos copas de vino rosado y nos quedamos allí disfrutando el uno del otro, yo hundiéndome cada vez más en este hombre. La verdad es que he llegado a una profundidad de la que ya no hay vuelta atrás.
—¿Piensas votar y vivir en tu casa? —me pregunta.
Esa es una cuestión que aún no he decidido. Esa casa me traerá malos recuerdos y corro el gran riesgo de caer en depresión si vivo allí.
—No tengo ganas.