C34-NO HABLES CON EXTRAÑOS.
C34-NO HABLES CON EXTRAÑOS.
Angela corrió sin pensar y el ruido del lugar se volvió lejano, como si todo se apagara menos el latido desordenado de su corazón.
—¡WILLIAM! ¡SOY YO, ANGELA! —gritó de nuevo.
William se giró de golpe y, con él, también lo hicieron las personas que lo acompañaban. Los dulces ojos del niño se iluminaron al reconocerla.
—¡Angela! —sonrió.
Ella llegó hasta él y lo abrazó con fuerza. William la rodeó torpemente. Era un abrazo de niños, sincero, apretado y necesario.
—Pen