UN JEFE CELOSO (III)
Los ojos de Vivían se llenaron de tristeza y sus labios temblaron por el dolor que la estaba destruyendo por dentro. Camino unos pasos y se detuvo delante de él.
―Sabes que eso nunca me ha importado Marcelo, lo único que quiero eres tú, no de dónde vienes.
Él se conmovió por sus palabras y por un momento, deseo con todo su corazón poder corresponderle. Deseo poder corresponder a todas esas mujeres que de alguna forma u otra lo habían amado, pero no podía, su cuerpo no sop