NO MERECE SER FELIZ (II)
Mientras tanto en el barco abandonado, el terror y la ansiedad se apoderaba de April a cada minuto.
―Vivian… escúchame… ―April intentaba hacerla entrar en razón ―No tengo idea de que persona estás hablando, pero estás confundida, Marcelo y yo no matamos a nadie.
―¿No? ―ella se echó a reír, sus tacones resonaron en el piso del antiguo barco pesquero ―¿Es que tu amado Marcelo no te lo dijo? ¿No fue capaz?
―¿Decirme que? ¡Habla de una vez, entonces!
―¡No me des órdenes per