No era un domingo como los demás, era especial porque al día siguiente iba a comenzar una vida nueva, con un nuevo trabajo, lo cual la emocionaba y también la asustaba. Por eso estaba tan inquieta que no podía parar, y cuando la llamó Manuela para que repasara con ella su declaración Laura accedió a ir a su casa. Así se distraería.
La mujer estaba muy asustada. Tras dos horas y cuatro cafés, seguía nerviosa.
—Vamos, Manuela, sólo es una declaración, no debes temer nada.
—Pero él estará allí…
—S