Ashley agarró con fuerza la mano de Matthew mientras pasaban entre los robles del camino a la casa. La acogedora vivienda, blanca con contraventanas azules, brillaba como un faro con las luces de seguridad.
Tenía la piel cubierta de arena y estaba hecha un desastre. Pero corriendo tras él entre las azaleas, nunca se había sentido tan viva como en ese preciso instante. Subieron deprisa las escaleras y Matthew no tardó ni un segundo en abrir la puerta y cerrarla tras ellos. La besó entonces de n