Me siento en el suelo, ella me da la esponja y se inclina un poco para poder restregar su espalda. Lo hacía con suavidad y en círculo, por alguna razón, toda la ira que sentía hace un rato, se me había ido.
—¿Estás bien? —habla ella.
—Ehm sí, ¿Por?
—Estás muy callado.
—¿Alguna vez fui hablador? —pregunté muy irónico.
Ella se voltea y me mira, yo me giro rápidamente para no ver sus pechos.
—Eras hasta comediante, eras feliz cuando vivías con Ross.
—Porque por fuera mostraba felicidad, no