Capítulo XXXV. Una sentencia con descubrimientos. Parte 1.
Ailan.
Necesité de toda mi fuerza de voluntad para controlarme, y no estar más pendiente de lo que ocurría entre el público, que de lo verdaderamente pasaba frente a mí, en esa sala. Tras sentarme en mi silla, junto a una de las mesas que había para las partes del caso, noté como mi hermano se colocaba a mi lado.
- “No estés nerviosa, estoy aquí, no vamos a dejar que éste se salga con la suya.”- volvió a repetirme mi hermano pensando que mi extraña actitud, y la rojez de mis mejillas era pro