Eso último me deja helada. Cómo se supone que se enteró de eso. Es ahí donde siento que mis argumentos son estúpidos ante sus preguntas. No puedo contener mis lágrimas, empiezo a llorar, me cubro el rostro con las manos. Entonces de pronto siento unos pequeños brazos rodearme, me arrulla como lo hacía Álex con él.
—El problema soy yo —susurro en un pequeño hilo de voz casi inaudible—, yo solté su mano, yo tengo miedo…
No puedo controlar las lágrimas. Siento su pequeña mano pasar por mi espalda