Capítulo cuarenta y seis. ¿Quién de las dos?
¿Quién de las dos?
Archer jamás en toda su vida había conocido el miedo, pero lo que sentía ahora, mientras trataba de llegar a Victoria, no era exactamente miedo, era terror. En ese momento el tiempo pareció congelarse impidiéndole avanzar, viendo cómo la vida podía escapársele como agua entre los dedos.
—¡Victoria! —gritó cuando la tragedia se consumó, el cuerpo de la modelo estaba quieto, tan quieto, que parecía muerta.
Archer cayó de rodillas frente a ella y calientes lágrimas quemaron sus