Angeline abrió los ojos y vio a Jay mirándola, rayos de luz fría emanando de sus pupilas.
“¿Qué estás haciendo?”, la reprendió con un tono sombrío.
Angeline se sorprendió y lo miró con ojos de cachorro. Tenía una expresión lastimera en su rostro.
Jay no quería mirarla ni un segundo más por temor a quedar atrapado en esa mirada suave y gentil de ella.
Rápidamente abrió la puerta. “Finn”.
Finn arrastró al hombre, le dio una patada en el estómago y le ordenó: “Arrodíllate”.
Jay interrogó al h