Jay la miró sorprendido con sus ojos de águila. Los hermosos ojos de Angeline eran amables y puros.
“Entonces, esas palabras crueles e insensibles que acabas de decir, ¿fue porque tampoco tuviste otra opción?”, preguntó él de vuelta.
Los ojos de Angeline parpadearon. “Por supuesto que todos son ciertos”.
Ella le tenía miedo, era como si se hubiera convertido en un caracol. No fue fácil para ella asomar la cabeza con valentía, pero se había echado hacia atrás cuando se encontraba con el más mí