El hombre se sintió insultado. "¿Me acabas de llamar inútil?".
Su mirada se volvió hostil.
Angeline asintió. "¿No lo eres?".
Su mirada se encontró con la multitud de sirvientes masculinos. “Necesitas tantos sirvientes para servirte. ¿Eso no te hace inútil?”.
El hombre se sorprendió.
Angeline tomó los pollos, que habían sido preparados siguiendo las instrucciones, a la cocina y los metió a la olla antes de sazonarlos con especias. Luego, ella subió las escaleras para tratar sus heridas.
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