Era una figura extraordinariamente alta y erguida que se alzaba sobre la entrada como una magnífica colina.
En los ojos de la mujer había una mirada de sorpresa y consternación. Casi de inmediato, una sensación de alegría irradiaba desde su corazón.
“¿Qué haces aquí?”, preguntó ingenuamente.
El hombre tenía el cabello largo y un poco desordenado. Su rostro delicado y esculpido lo hacía lucir cada vez más irreverente. Incluso había un encanto hermoso que transmitía el hombre.
“Estoy aquí para