Cuando Angeline se enteró de que iban a matar a la bestia, sintió una punzada en el corazón. Se llevó la mano al pecho, preguntándose de dónde procedía aquel extraño dolor.
El grupo de personas se alejó cada vez más. Angeline los siguió a distancia. Cuando llegaron a la entrada de la tumba de la Montaña Oolong, los ladrones no podían entrar todos a la vez, ya que el acantilado era muy estrecho. Muchos de ellos solo podían esperar en el camino junto a él.
Angeline observó desde la distancia cóm