Jay no era presuntuoso ni anticuado. Simplemente no le hacía gracia que su esposa protagonizara una película. Después de todo, su posesividad hacia Angeline era demasiado fuerte y no podría ni imaginarse una escena en la que ella tuviera intimidad con otras estrellas masculinas.
Sin embargo, si otras mujeres se convirtieran en celebridades, Jay podría comentar objetiva e imparcialmente sus habilidades interpretativas sin la más mínima emoción personal.
Angeline puso los ojos en blanco y se bur