Esta pequeña dama se había convertido de esa hermosa niña inocente en un caparazón opaco y malsano. Su mente se había derrumbado junto con su cuerpo.
Finn no tenía ni idea de cómo consolar a Bebé Zetty. Finalmente la abrazó con fuerza y la persuadió con agravio, diciendo: “El Hermano Finn te ayudará a encontrar una cura, Zetty”.
Las lágrimas amargas de Bebé Zetty brotaban de sus ojos. “No puedo curarme. Lo máximo que puedo hacer es tratar de aliviar esa enfermedad”.
Su amor había sido en