Las sonrisas de felicidad aún persistían en sus rostros.
Angeline le entregó los panecillos humeantes a Jay. “Jaybie, Mamá los hizo. Pruébalos”.
Jay los tomó. Cuando vio los panecillos con formas extrañas, recordó las manos torpes de Chloe y sintió una corriente cálida fluyendo en su corazón.
Le dio un mordisco y frunció el ceño.
La harina de los panecillos no se había mezclado uniformemente.
Jay le devolvió el contenedor a Angeline y se quejó: “Es horrible”.
Angeline sintió una sensación