Jay encontró a Angeline en un camino de montaña empinado cualquiera.
No hacía mucho, Angeline, hambrienta y cansada, había cargado a la Hermana Trece en la espalda y se había arrastrado por el denso bosque. Finalmente, su cuerpo cedió y se desmayó.
Cuando Jay vio a Angeline tendida en el suelo inmóvil, su mente se volvió loca. Su respiración era superficial y áspera.
“¡Angeline!”. La cara de Jay se puso pálida mientras corría presa del pánico.
Se arrodilló en el suelo y buscó señales de vida