En cualquier caso, Rose no se habría atrevido a identificarse con Jenson. Verlo ya era una bendición por la que estaba agradecida.
“¡Acepto!”. Rose dijo asertivamente, alto y claro mientras miraba los ojos disuasorios de Jay.
Su mirada se posó en el bolígrafo en la mano de Jay, pero Jay lo apretó con más fuerza como si no tuviera la intención de prestárselo en absoluto.
Sin inmutarse, Rose abrió su delicado bolso de cuero para conseguir un bolígrafo para firmar el contrato.
Jay observó de ce