Los ojos de Zayne se agrandaron con incredulidad.
“¿Hablas en serio? Ella es mi hermanita, por el amor de Dios. La he visto usar camisetas sin mangas y bragas cuando era niña. ¿Cómo podría tener esos pensamientos enfermizos con mi hermana?”.
Zayne sintió dolor en todas sus extremidades mientras su rostro se contorsionaba como una calabaza amarga. Él lo regañó: “Simplemente eres un malvado”.
La paciencia que Jay le tenía a Zayne había llegado a su límite. Su hermoso rostro tenía una mirada frí