Jay la miró fijamente. Sus delgados hombros la hacían parecer muy frágil, pero sus ojos eran muy brillantes, tan brillantes que revelaban determinación y persistencia.
“¿Dónde fuiste?”, preguntó Angeline mirándolo desde arriba.
Jay usó sus manos como almohada y miró con desánimo a Angeline. “Casa”.
Angeline estaba un poco atónita. “¿Te reuniste con los Ares?”.
“Sí”.
“¿Qué te dijeron?”. Un rastro de ansiedad apareció en los ojos de Angeline.
Los ojos de águila de Jay emitieron una pizca de