DOMINIC THORNE
Lunes por la mañana.
El olor a café expreso y a miedo llenaba la sala de juntas en el septuagésimo piso del edificio de Thorne Industries.
Yo estaba sentado en la cabecera de la enorme mesa de cristal, girando un celular silencioso entre los dedos. Grace me estaba aplicando la ley del hielo. Un castigo cruel, frío y extremadamente despiadado. Créanme, para un hombre acostumbrado a tener el mundo a sus pies, ser ignorado por su propia esposa era una tortura medieval.
Pero si no ib