Punto de vista de Alexander
Martin contestó al primer tono, algo que no era propio de él, y comprendí por la rapidez de su respuesta que una parte de él había estado preparándose para una llamada como esta desde el momento en que entregó la caja en la sala de estar hacía tres días.
—Lyra —dijo—. ¿Qué pasa?
—¿Dónde estás ahora mismo? —preguntó ella. Fue una pregunta inmediata. Una orden disfrazada de pregunta.
—En el trabajo —respondió él—. ¿Por qué…?
—Necesito que te vayas. Ahora. No pases prim