POV de Lyra
Nos casamos de nuevo un sábado de octubre, ocho meses después de la primera boda, en el jardín detrás de la mansión donde una vez me había quedado de pie junto a un escritorio con las rodillas recogidas, bebiendo café frío, observando a un hombre decidir si se dejaba conocer. Esta vez no había cámaras, ninguna de la cuidadosa puesta en escena que había acompañado nuestra primera ceremonia, ningún comunicado de prensa redactado de antemano para controlar cómo se contaría la historia.