capitulo 5

ALESSIA CONTE

Estoy nerviosa, muchísimo diría yo. Hoy es mi primer día en la universidad y se nota que es una universidad de riquitos, pero no dejaré que eso me afecte en lo absoluto. Podré ser pobre, pero sé que voy a ser la mejor y haré que el señor Russo se sienta orgulloso de mí y que no se arrepienta de haber pagado la universidad, y si es posible, pagarle todo lo que ha hecho por mí.

—Hola, ¿cómo te llamas? —una chica alta de cabello negro está al frente mío preguntando cómo me llamo—. ¿Hola? ¿Estás ahí? —joder, responde, Alessia.

—Sí, disculpa. Hola, me llamo Alessia Conte, ¿y tú?

—Soy Sabrina, es mi primer día en la universidad y no conozco a nadie.

—Pues el mío también, ¿qué estás estudiando?

—Diseño de interiores.

—¿En serio? Yo también —digo emocionada porque por lo menos no estaré tan sola.

—¡Eso es genial! ¿Quieres ser mi amiga, Aless? Te puedo llamar así, ¿verdad?

Cuando me dice eso tengo un leve recuerdo de la hermana Mirta, era la única hermana buena en el orfanato.

—¿Qué pasa? ¿Por qué cambió tu rostro?

—Lo siento, es que así me decía la hermana del orfanato donde crecí. – m****a! Se me olvido lo que me pidió el Señor Russo. Bueno ya que, ya todo se sabe.

—¿Eres de un orfanato? —pregunta algo sorprendida.

—Así es, si te molesta pues yo…

—No, ¿cómo crees? No soy como estos riquitos de aquí que les importa aparentar —esta toma mi brazo y me dedica una sonrisa—. Tú y yo seremos grandes amigas y ya sabes que puedes contar conmigo para lo que sea.

—Gracias, Sabrina, eres una chica con un gran corazón.

—Eso dicen mis padres.

Entramos a clases y no se sabe cuál de las dos se emociona más con todo lo visto. A la hora de salir a comer algo, esta me empieza a preguntar acerca de mi vida y eso me pone algo incómoda, pero no quiero que se sienta mal.

—Entonces, desde pequeña estás en un orfanato, ¿nadie te quiso adoptar?

—No, casi nadie iba al orfanato, así que me quedé por muchos años hasta que cumplí 18. La hermana Mirta me consiguió un trabajo como chica del servicio en la casa del señor Ángel Russo.

Cuando menciono eso, los ojos de Sabrina casi se salen.

—¿Tú trabajas para el guapo Russo? Joder.

—Así es, él me está pagando la carrera.

—Joder, eso sí que me sorprende. El hombre es bastante arrogante y se cree el dueño del mundo. Aparte, él dice que nunca se junta con la gente que no es de su clase. Te diría que él tiene interés en ti y por eso te paga la carrera, pero con su forma de pensar no lo creo.

—Él solo quiso ayudar, yo también me sorprendí, ya que lo único que hace es llamarme criada y hacerme sentir mal en ocasiones, pero bueno, aquí estoy y prometí no defraudarlo.

—Vaya, me tienes que llevar a esa casa para conocer mejor al señor sexy, o me vas a decir que no lo has visto bien —Sabrina pone su mirada pícara y es imposible no reírse.

—Sí es guapo, pero su asquerosa forma de ser hace que eso desaparezca ante mis ojos.

En ese momento aparece un chico de unos 22 años que se acerca a nosotros.

—¡Martín! —grita Sabrina tirándose a sus brazos.

—Hola, preciosa, qué bueno verte, hasta que por fin entras.

—Lo sé, al fin me decidí.

Este posa sus azulados ojos en mí, haciéndome sentir algo extraña.

—¿No me presentas a tu amiga?

—Ah, sí. Martín, te presento a Alessia. Alessia, él es Martín, mi mejor amigo.

Este se acerca a mí y deja un beso en mi mejilla, algo confianzudo de su parte, pero dejo pasar esa.

—Hola, Alessia, ¿qué estudias?

—Estudio diseño de interiores.

—Ah, lo mismo que tú, Sabri.

—Sí, espero que se lleven bien los dos.

—Seguro que sí —dice Martín sin quitarme la mirada de encima—. ¿Qué les parece si después de clases nos vamos a tomar unas cervezas?

Joder, no puedo, debo ir a trabajar.

—Chicos, será para después, debo ir a trabajar, al señor Russo no le gustará que no llegue.

—¿Trabajas para el ogro Russo? —¿ogro Russo? Eso sí fue gracioso, así que suelto la carcajada.

—Sí, trabajo para él, soy la chica del servicio.

Cuando menciono esto, él se queda algo sorprendido y me mira algo extraño.

—Vaya, pero no tienes pinta de eso, y además, ¿cómo lograste entrar aquí?

—El señor Russo paga mi carrera.

Y otra vez la cara de sorpresa igual a la de Sabrina aparece.

—Bueno, ya tenemos nuestra última clase, tal vez el sábado que tenga mi día de descanso podamos salir, ¿les parece?

—Claro que sí, Alessia, yo las dejo.

Terminamos nuestro día de clases e intercambio mi teléfono con el de Sabrina para estar en contacto. La verdad fue un buen día y aún no me han dicho nada por ser huérfana y pobre, cosa que me da algo de tranquilidad.

Al llegar a casa, lo primero que veo es a Massimo, que se acerca a mí dándome un abrazo fuerte.

—Al fin llegaste. - ¿Acaso me estaba esperando?

—Ponte hermosa para esta noche, vamos a salir.

—¿Qué? Pero ni siquiera has contado con si puedo.

—Ángel dijo que no había problema.

—Massimo, creo que lo mejor es que no, yo no quiero causar problemas con tu madre, la verdad me sentí muy mal ese día.

Este se acerca a mí y toma mi mejilla dándole caricias.

—Lo siento, preciosa, te juro que lo último que quiero es que te sientas mal. Salgamos y déjame reparar ese mal momento.

Bueno, pues si el señor Ángel me dejó salir, ¿por qué no?

—Está bien, pasa por mí a las 8.

Este me sonríe y deja un beso en la mejilla, que al parecer es visto por el señor Russo.

—¿Qué haces aquí, Massimo?

—Vine a ver a esta preciosura y a pedirle que salga conmigo, no te jode, ¿verdad?

El señor Russo se pone algo tenso mientras mira a su amigo, pero luego responde:

—No, solo que no llegue tarde, tiene universidad mañana.

¿Por qué me trata como niña chiquita?

—Verdad, ¿cómo te fue? —pregunta Massimo.

—Muy bien, me encantan todas mis clases y ya tengo amigos.

Cuando menciono la palabra “amigos”, ambos se ponen algo tensos.

—Espero no tener que preocuparme por eso —dice Massimo, y luego habla el señor Russo:

—Recuerda lo de los amigos.

¿Qué quieren entonces, que sea una chica solitaria sin amigos? Ambos son idiotas.

—Solo son amigos y además, mientras cumpla con mi obligación, no le veo nada de malo —digo mirando esta vez al señor Russo—. Así que si no es más, me retiro a hacer mis labores.

Miro a Massimo y le dedico una sonrisa.

—Nos vemos ahora.

—Claro, preciosa.

Ya en la noche, como terminé todo, me voy a mi habitación y me doy una ducha rápida para luego prepararme para salir con Massimo. La verdad no sé qué siento por él, me parece un hombre guapo, pero siento que tener algo con él es imposible porque nuestra diferencia social nos lo impediría, pero no estaría nada mal en disfrutar un poco.

—¿Qué me pongo? —miro el armario que está lleno de ropa que compró el señor Russo, que, a propósito, todo es de marca—. Ya sé qué.

Tomo el vestido sencillo y me lo coloco.

Cuando salgo de la habitación me encuentro al señor Russo, que al verme su mirada repasa todo mi cuerpo, haciéndome sentir algo extraña.

—Señor Russo, ¿qué lo trae por aquí?

—Quería decirte algo que es por tu bien.

—¿Qué será?

—La familia de Massimo no es cualquier familia, es una familia con mucho poder, igual o peor de clasista que yo, y apenas se enteren que su hijo anda saliendo con una criada —y va de nuevo esa maldita palabra— no dudarán en ir por ti hasta destruirte.

—¿Y eso qué le tiene que importar a usted, señor Russo? Es mi vida.

—Solo te estoy cuidando, Alessia. – su tono de voz se pone mas serio de lo normal

Cuando dice eso me quedo algo sorprendida, hasta creo que él también se sorprende por sus palabras, hasta que se retracta.

—Es decir, no quiero escándalos en mi casa, una criada saliendo con un millonario.

—¿Qué está queriendo insinuar, señor Russo?

—Que sé lo que está haciendo, señorita Conte. Quiere salir de pobre y llegar a la alta sociedad, y qué mejor forma que metérsele hasta por los ojos a un millonario.

Cuando dice eso siento unas profundas ganas de llorar, ya que nunca en mi vida haría eso. Soy una mujer honrada que no necesita de eso para salir adelante, me siento profundamente ofendida.

—Mire, señor Russo, con todo respeto, usted a mí no me conoce, no sabe absolutamente nada de mi vida, así que no puede llegar y decir esas cosas de mí solo por no ser de su posición económica. Y si quiere que me aleje de su amigo, que venga él y me lo diga.

No permito que diga nada más porque paso de lado hasta llegar a la entrada, soltando un suspiro, hasta que veo a Massimo con un perfecto traje.

—¿Estás preciosa? Pareces un ángel.

—Gracias, Massimo, tú estás muy guapo.

Massimo me lleva a un restaurante bastante lujoso y justo en esos momentos es donde agradezco a la hermana Mirta enseñarme clases de etiqueta, aunque siempre le decía que no entendía para qué y ella solo me respondía que en algún momento lo iba a necesitar.

—No pensé que supieras de etiqueta —dice cuando ve que cojo los cubiertos correctos para cada plato.

—En el orfanato, una hermana que me quería mucho me enseñó varias cosas. Nunca pensé que lo fuera a necesitar, pero míranos aquí.

Este me sonríe.

—Eres una cajita de sorpresas, Alessia.

Este toma mi mano y deja un beso en ella, así que no puedo evitar sonrojarme.

—Me encantaría poder conocerte más, claro, si tú me dejas.

En ese momento me llega todo lo que dijo el señor Russo y me pongo a pensar si es correcto, pero vamos, Alessia, tú también mereces ser feliz con alguien, vale madre si es rico o pobre.

—A mí también me gustaría, Massimo.

La noche fue perfecta, nunca había disfrutado tanto la compañía de una persona, definitivamente Massimo es un gran hombre, es más, no dejo de sonreír.

—Veo que le fue bien —el señor Russo está sentado en un sillón con cara seria.

—Así es, me fue bien.

—No quiero que vuelvas a llegar tan tarde, recuerda que vives en mi casa, así que respeta.

Maldito.

—No se preocupe, señor Russo, no volverá a pasar.

Al otro día me levanto temprano y me coloco algo para ir a la universidad.

Cuando llego a la universidad veo que todos me miran algo extraño, pero decido no prestar atención, solo voy directo a mi salón de clases hasta que veo que Sabrina llega hasta mi puesto casi corriendo.

—¿Ya viste los portales de noticias?

—No —digo sin entender.

—Joder, Alessia, estás en todos los portales de chismes.

—¿Qué?

Ella me pasa su celular y hay una foto donde Massimo está besando mi mano, pero lo peor de todo es lo que dicen, me están tachando de empleada caza fortunas.

—Mierda.

—¿Estás saliendo con Massimo?

—Bueno, sí, pero no pensé que esto fuera a pasar.

—Por Dios, Alessia, esa familia tiene mucho poder y esa señora, la madre de Massimo, te acabará cuando vea esto. —Joder, ¿en qué me metí? —¿Te gusta?

—Te estaría diciendo mentira si te digo que no, Massimo me gusta. No estoy completamente loca por él, pero tiene algo que lo hace especial, aunque sé que lo nuestro es imposible.

—Ay, Alessia, siento mucho todo esto.

Cuando voy a salir de la universidad, un carro negro completamente polarizado se detiene en frente de mí impidiendo mi paso. Un hombre musculoso se baja y se acerca a mí tomando mi brazo.

—Oiga, ¿qué le pasa?

—Suba.

El hombre me sube de muy mala manera y cuando observo bien me doy cuenta de que estoy al frente de la señora Eleonora.

—Veo que no me hiciste caso, niña, ahora estamos en boca de todos.

—Su hijo siente algo por mí y puede que yo también.

Esta se ríe de manera irónica. De un momento a otro clava sus uñas en mi brazo, haciendo que suelte un gemido de dolor.

—Escúchame bien, criada, si no te alejas de mi hijo te juro que la vas a pasar muy mal. No me hagas que te ocurra un accidente o que mande a mi hijo lejos.

Cuando esa señora menciona eso me pongo completamente pálida. El auto se detiene y el hombre me abre la puerta.

—Recuerda lo que te dije, ahora largo de nuestras vidas.

Cuando esta se va, lágrimas comienzan a correr por mis mejillas mientras veo mis brazos con algo de sangre.

—Alessia…

Genial, lo que me faltaba.

—Alessia, mírame.

Limpio mis lágrimas y me volteo.

—¿Qué desea, señor Russo? Si va a reírse de mí, pues mejor me voy porque ya tuve suficiente el día de hoy.

Cuando me voy a entrar a la casa veo llegar a Massimo, que corre hacia mí.

—Alessia… - mi día no se podía poner peor, no quiero hablar con nadie.

—¡No! - Este se detiene al escuchar mi grito y mis ojos se llenan de lágrimas. —Esto no va a funcionar, es mejor que te alejes de mí, yo soy solo una criada.

Cuando digo eso miro al señor Russo, quien no deja de mirarme.

—Alessia, no prestes atención a lo que dicen los diarios, yo…

—Tú nada, Massimo, es mejor así.

Me doy la vuelta y entro a la casa con mis ojos llenos de lágrimas, pero antes de entrar a mi habitación siento cómo alguien toma mi brazo justo en el lugar donde esa vieja clavó sus uñas.

—Joder…

Cuando volteo veo al señor Russo, que mira mi brazo de una manera extraña y luego lo vuelve a tomar. Este, al ver mi brazo, se pone completamente serio.

—¿Quién te hizo esto?

—No tiene importancia, señor Russo.

—Claro que sí, nadie le hace nada a mi personal, ven.

Este toma mi mano, lo que hace que una corriente eléctrica pase por todo mi cuerpo. Me lleva a su habitación y hace que me siente en su cama.

—No debería estar aquí, señor Russo.

—Solo quiero curarte eso.

El señor Russo toma mi brazo con delicadeza y comienza a colocar el algodón con alcohol, pero arde como el demonio.

—Lo siento.

—Tranquilo.

Cuando este termina de curarme se sienta a mi lado y hace algo que me deja helada: el señor Russo toma mi rostro en sus manos y hace que lo mire.

—¿Quién te hizo eso, Alessia? Dímelo.

Doy un suspiro y cierro mis ojos recordando a la señora Esmeralda amenazándome.

—Fue la señora Eleonora, me dijo un montón de cosas y me amenazó, por eso preferí que Massimo se fuera. Sé que usted me dijo que me alejara, pero pensé que las cosas podrían ser diferentes.

Una lágrima cae por mi mejilla.

—Usted tiene razón, una criada como yo no debe estar con un hombre de su posición.

Su mirada está algo extraña, como si estuviera arrepentido.

—No es así, Alessia, yo…

—Es así, señor Russo. No quiero que nada le pase a Massimo, así que lo mejor es que me limite a hacer mi trabajo y que cada uno esté por su lado. Si no hay más que decir, me gustaría ir a mi habitación.

Siento que va a decir algo, pero no dice nada.

—Adiós, Alessia.

—Adiós, señor Russo.

A la mañana siguiente me despierto temprano, ya que no tengo clases, así que comienzo con mis labores matutinas, pero logro escuchar la voz de Massimo y el señor Russo.

—¿Es en serio lo que me dices? —es la voz del señor Russo.

—Al parecer la empresa de Polonia me solicita, no quiero irme, pero tengo que hacerlo. - Se va a ir.

—¿No crees que es muy raro que luego de lo de Alessia ocurra esto?

—Sí es raro, pero no puedo hacer nada, ya mi madre dio la orden, no puedo hacer más.

—Lo que tienes que hacer es dejar de estar bajo el yugo de tu madre y rebelarte para empezar a hacer lo que en realidad quieres.

—No es tan fácil, Ángel, y tú lo sabes. Mi madre es una mujer de cuidado y sé que si me rebelo para estar con la mujer que me gusta, ella irá tras ella. No quiero que Alessia sufra.

Él se preocupa por mí… una estúpida sonrisa en mi rostro se forma.

—Me da pena que te vayas.

—Regresaré el otro año.

No… es mucho tiempo.

—¿Puedo despedirme de Alessia?

—Claro, ella debe estar en la casa, hoy no tenía clase.

—¿Puedo pedirte un favor?

—Lo que sea, sabes que aquí estoy.

—Cuídala, es una chica muy especial. Deberías conocerla mejor, ella ha estado muy sola, sería bueno sentirse acogida. Sé que es difícil para ti porque según tú ella es inferior a ti, pero…

—Lo haré, cuidaré de ella, no dejaré que nada le pase. Es una buena chica, por eso le di el estudio, sé que hará grandes cosas, tengo fe en ella.

—Gracias, hermano.

Siento que van a salir, así que corro a la cocina y me pongo a hacer cualquier cosa hasta que siento cómo alguien toma mi cintura y me pega a su pecho.

—No deberías estar aquí, Massimo.

—Venía a despedirme.

Me volteo y al mirarlo veo algo de tristeza en su mirada.

—¿Volverás?

—Sí, pero me demoraré.

¿Por qué no quiero que se vaya?

—Yo… cuídate, por favor, espero que todo te salga bien.

—Cuídate mucho, preciosa.

Este me pega a su cuerpo y me rodea con sus brazos… así que así se siente ser querida por alguien… qué triste que lo bueno nunca dure.

—Cuídate tú también, Massimo, espero volver a verte.

—Yo también, Alessia.

Y así es como veo partir a la única persona, aparte de Mirta, que me ha brindado algo de amor, así haya sido unos cuantos días.

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