Aún no podía creer lo que estaba pasando. La señora Russo estaba al frente mío, mirándome con odio y con ganas de matarme, pero menos mal los guardaespaldas no dejaban que ella se acercara. Esta le da una repasada con la mirada a los hombres de Angel y luego se ríe.
—Tranquila, querida, no seré yo quien te mate. - Cuando dice eso, siento cómo todo el cuerpo me tiembla, su sola sonrisa macabra hacia que todo mi cuerpo se erizara
—¿Por qué quiere hacernos daño? ¿Qué le hice yo? —respondo con la v