Esa noche, el aire olía a tormenta. El cielo se había cubierto de nubes densas, y el viento golpeaba las ventanas del pequeño departamento. Valeria intentaba dormir, pero su cuerpo se negaba al descanso. Había algo en el silencio… algo que no era normal.
Se levantó despacio, sin despertar a Gabriel, y caminó hasta la ventana del salón. Las luces de la calle parpadeaban. En un momento, creyó ver una sombra junto al edificio de enfrente. Se congeló.
—Gabriel… —susurró apenas, volviendo la vista h