Claudio soltó mi brazo y avanzó hacia él, molesto por la forma en que me había hablado.
—¡Quién m****a te crees para hablarle así! —le reclamó con furia—. ¡Catalina solo te hizo una pregunta! ¡No eres dueño de todo ni puedes tratarnos como si estuviéramos a tus órdenes! ¡Ahora te crees un verdugo!
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