—¡Suéltame Fabricio, me estás lastimando!
Diana puso resistencia cuando Fabricio la iba arrastrando del brazo por los pasillos, por lo que hizo una mueca de dolor.
—¡Cómo te atreves a llamar al maldito de Enzo!… ¡¿Por qué hiciste eso!? —vocifero Enzo con una furiosa mirada.
Miró detenidamente a Diana, que no tenía expresión en su rostro, y sin rodeos ella abrió la boca con amargura y dijo —No tengo por qué darte explicaciones
Cuando terminó de hablar, Diana mordió la mano de Fabricio liberándos