El alma me dolía, sé que no estaba bien, pero deseaba tanto un abrazo y él se negaba a dármelo. Mireya, no sé si llegó en el mejor o peor momento, se sentó a mi lado.
—No tengas celos por mí, —la miré—. Solo somos amigos con sexo ocasional. Te confieso que es sexo pagado. —hizo un gesto de incomodidad—. Solo nos vemos dos o tres veces al año y por una hora, máximo dos. Depende de mi itinerario. Aunque teníamos unos años de no vernos porque tuvo una prometida.
—¿Por qué me lo cuentas?
—Porque so