Blanca bajó la mirada, una vez la vi ingresar me giré. El desagradable hombre tenía a una mujer a su lado. Hablé en griego.
—Señorita, si no quiere ser arrastrada, puede retirarse del brazo de este don nadie. —miré a Athan.
—Es uno de los dueños de los hoteles.
—No es nadie, no quiero ser un patán con usted. Pero si no se retira en uno, dos…
La mujer vio la determinación en mí y una vez se hizo a un lado le estampé el puño en la nariz reventándosela. Lo agarré de la camisa a la que le habían ca