Gina sintió como si el le hubiese abofeteado. Se abrazó por el dolor que estaba sintiendo. Creyó que sería una hermosa noticia y el lo catalogaba como un error.
—Estoy embarazada, y no es un error— lo vio meditar y jamás, nada lo hubiese preparado para lo que estaba por escuchar.
—Todo esto está mal, no puedes estar embarazada. No vamos a tener un hijo, demonios! esto va en contra de todo lo que creo, pero debes abortar!.
—¿Qué?— gritó ella conmocionada— ¿cómo puedes decir eso!?
—¡Dios mío Gi