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Al llegar a la puerta, ella se puso lentamente su abrigo de plumas, y mientras bajaba las escaleras, no pudo evitar tocar su nariz con la mano y reprimir una risa. Sin embargo, se contuvo, se contuvo, al ver a los chicos que iban delante de ella, sin abrigo, solo con la camisa fina que llevaban dentro de la casa.

Caminando, de repente detuvo sus pasos, se dio la vuelta y vio la expresión de la chica tratando de contener la risa, sus ojos casi chorreaban tinta. Él se acerc

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