— Nada, solo quiero que estés cómo…— Estaba hablando, pero mis palabras se detuvieron cuando ella volteó hacia mí y sus garras se clavaron en mi garganta e intentó hundirlas más para degollarme, pero lo impedí empujándola con una patada en su estómago, lanzándola lejos, haciendo que se golpeara contra la pared.
Podía sentir la sangre salir de mi garganta y puse mi mano para frenarla, pero ella no había tocado lo más importante, aunque no podía hablar ni gritar, no moriría, mucho menos siendo un