La puerta se abrió con un chirrido.
El hombretón de antes entró en la habitación y miró fríamente a Sofía.
—Señorita López, pídale a Julio que venga a salvarla.
Sofía frunció el ceño.
—Ya estamos otra vez.
Ernesto no parecía estar dispuesto a darse por vencido. Apenas se estaba recuperando del golpe que había sufrido, y ya la tenía en su punto de mira de nuevo.
¿Tan ansioso estaba por probar de nuevo el sabor de la derrota?
—No tenemos elección. Eres alguien a quien Julio valora —dijo el homb