Cuando Sofía entró en el salón y vio la avena caliente en la mesa, se quedó un poco atónita. Miró a Julio, que seguía afanado en la cocina, y la invadió una sensación cálida. Dio un paso hacia él y le dijo:
—Hola.
Ella saludó suavemente, y él se volvió con una sonrisa.
—Oh, ya estás despierta. ¿Te encuentras mejor? —preguntó preocupado.
—Sí. Ahora me siento mejor.
Sofía asintió y se dirigió hacia él, sorprendida al ver que estaba haciendo tortellini. Por un momento, no supo qué decir.
Luego pr