Tras oír la puerta del dormitorio al cerrarse, Sofía se sonrojó y abrió con cautela la puerta del cuarto de baño. Luego cogió la toalla y la ropa. La ropa era de Julio y tenía un aroma amaderado masculino; no le quedaba del todo bien.
Sin embargo, ésa era la menor de las preocupaciones. Se los pondría un rato y se cambiaría al llegar a casa.
Con esa idea, se puso la camiseta de Julio y salió del baño.
Gracias a Dios por la calefacción. De lo contrario, no sólo haría frío fuera, sino que la casa