Alejandro asintió. Había servido a Julio durante muchos años y conocía bien sus habilidades. Si se atrevía a ir, no habría mucho de qué preocuparse.
Después de que Alejandro saliera de la oficina, Julio investigó el club de turf que acababa de abrir. Quería observar la disposición geográfica del lugar para averiguar cómo intentarían matarle.
Se quedó sin habla al darse cuenta.
Era un acantilado, otra vez.
Querían que pareciera que había perdido pie y caído al agua.
Al fin y al cabo, montarían a