—¿Entonces, puedo quedarme? —Juliana le miró ansiosa.
Rodrigo se negó.
—Elegiste irte, así que deberías marcharte lo más lejos posible y no aparecer nunca ante mis ojos.
—Yo... —balbuceó Juliana, sin saber qué decir.
Si hubiera sabido antes por qué se negó a dejarla marchar, no habría insistido en irse.
Qué pena que no hubiera analizado la situación antes. Simplemente pensó que sus días, si los pasaba allí, serían aburridos y monótonos.
Juliana se mordió el labio, decidiendo probar suerte.
—Bu