La luz del sol entraba a raudales en la habitación del hospital. Julio abrió los ojos y se encontró con el techo blanco sobre su cabeza. Brevemente aturdido, frunció las cejas con dolor cuando un torrente de recuerdos dolorosos le inundó. Tal vez por eso su ritmo cardíaco aumentó y la máquina de la cabecera emitió un pitido incesante.
Una enfermera se apresuró inmediatamente a ver cómo estaba.
—Llama al médico—le dijo a otra enfermera.
Comprobó las constantes vitales de Julio mientras su compa